LLegando a Chuburná, nos apeamos del coche para buscar un buen sitio para pasar la tarde, bajamos de la cajuela todo aquello que consideramos necesario para aprovechar el día al máximo sin necesidad de trasladarse ni dos pasos fuera del paradisíaco lugar: sombrilla, silla-tumbona, juguetes para los ninios, toallas, pareos, snorkel, hielera con sus respectivos chescos, jugos y chelas; mangos verdes, mandarinas y jícamas con chile (no piquín sino habanero pero seco y triturado hasta convertise en polvo) y limón; senda bolsota de sabritones y otra más de cheetos; cacahuates estilo japonés y salados, en fin... yo, dichosísisma de estar un fin en familia, en la playa, chupando y comiendo...
Salimos del coche y a lo lejos mi prima y yo vemos a un grupo de chavos que salían del mar (completamente del otro extremo del lugar que habíamos elegido para echarnos) venían corriendo, muy contentos...
Zoom 8x
otra, otra, otra...
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